Monday, February 28, 2011

El habitante

A Victor


El habitante
Los corazones enmudecieron en la piedra
los ojos se cerraron
al mismo tiempo que un pueblo se venía abajo

Allí lloraron todos
con las manos
de tu tacto vacías
y los oídos sordos a tus palabras

Atónitos ante el rugido
implacable de la destrucción
y el metal torcido

La montaña vencida
fragante uva esparcida
sobre tu eterno campo
a través del desierto
eres viento primitivo
murmurando al oído el consejo más allá del tiempo
tu presencia en sueños
libre del reino mineral
habitando venas vas dando la mano
y guiando pasos
esperando la reunión
al final del ocaso




Sunday, February 27, 2011

Fuerza Gonzalo

Perdí mi juventud en los burdeles

Perdí mi juventud en los burdeles
pero no te he perdido
ni un instante, mi bestia,
máquina del placer, mi pobre novia
reventada en el baile.

Me acostaba contigo,
mordía tus pezones furibundo,
me ahogaba en tu perfume cada noche,
y al alba te miraba
dormida en la marea de la alcoba,
dura como una roca en la tormenta.

Pasábamos por ti como las olas
todos los que te amábamos. Dormíamos
con tu cuerpo sagrado.
Salíamos de ti paridos nuevamente
por el placer, al mundo.

Perdí mi juventud en los burdeles,
pero daría mi alma
por besarte a la luz de los espejos
de aquel salón, sepulcro de la carne,
el cigarro y el vino.

Allí, bella entre todas,
reinabas para mí sobre las nubes
de la miseria.

A torrentes tus ojos despedían
rayos verdes y azules. A torrentes
tu corazón salía hasta tus labios,
latía largamente por tu cuerpo,
por tus piernas hermosas
y goteaba en el pozo de tu boca profunda.

Después de la taberna,
a tientas por la escala,
maldiciendo la luz del nuevo día,
demonio a los veinte años,
entré al salón esa mañana negra.

Y se me heló la sangre al verte muda,
rodeada por las otras,
mudos los instrumentos y las sillas,
y la alfombra de felpa, y los espejos
copiaban en vano tu hermosura.

Un coro de rameras te velaba
de rodillas, oh hermosa
llama de mi placer, y hasta diez velas
honraban con su llanto el sacrificio,
y allí donde bailaste
desnuda para mí, todo era olor
a muerte.

No he podido saciarme nunca en nadie,
porque yo iba subiendo, devorado
por el deseo oscuro de tu cuerpo
cuando te hallé acostada boca arriba,
y me dejaste frío en lo caliente,
y te perdí, y no pude
nacer de ti otra vez, y ya no pude
sino bajar terriblemente solo
a buscar mi cabeza por el mundo

Gonzalo Rojas

Saturday, January 22, 2011

POEMAS ANTIGUOS

Desde las rocas

Desciende y lleva tus cabellos en las manos
desciende al punto de tus ojos
sobre el rugir marítimo y su canto

Hemos destruido lo que nos habita
sembrando el océano con olas ciegas
levantado Dioses desde el pan y la roca
divinizándolo todo
con miedo de voltearnos hacia dentro
reptando la escalera mágica y su tiempo

Donde la imágen detrás de su cuarto
esperando nacer de nuevo?
acariciando torres crecidas al viento
cosiendo sus escombros vacios

la muerte no se viste de vanidad como pretendemos
con esos rostros pintados ante un espejo
en movimiento
o esas danzas enlutadas
señalando la falta de tiempo
para decir te quiero


Abismo


Un pequeño murmullo
se cuela en la jugosa mirada
callando en el olvido
exhausto y quieto
dormitando sobre mi cuerpo
el témpano abre sus ojos
y tu callas
el sordo golpe de los besos
bebiendo la flor crecida en mis extremos
si caminaras por el borde del abismo
verías las raíces erguidas
suplicando por la herencia que les fue arrebatada
los últimos instantes
antes de perder la sangre
de quebrar la voz ante el vacío


Memoria opaca o el canto del jardín perdido


Algo parecido a la memoria
ronda
un silencio opaco
cayéndose de su espacio devoró los buenos recuerdos
sólo quedó un grito ahogado en la alcoba

Detrás de la casa hay un jardín oculto
crece un árbol solo de noche
cada mañana cosecha rocío
venido de otros ojos
cosecha y siembra sus raíces en los desvencijados valles que dan
a la calle
el acceso se hace díficil
por las tardes el viento entorpece el panorama
y oculta el sol tras la ventana
el ramaje se derrama en la cama proxima al corredor
rostros deformados en muecas se aceleran y se confunden con
las nerviosas raíces que de una luciérnaga cuelgan

Ya no hay espacio para el descanso
no queda tiempo
se fue apagando entre los dedos
en el tacto infinito
en la sombra que habita tus párpados
una parábola abierta en medio de la lluvia
entre los pasos y el hambre de los muertos
que se han ido olvidando de su descanso


Recuerdo antes del entierro

Altar blanco después de la lluvia. Recuerdos borrados y mutilados son carga mecida en el ocaso. Descolgado los ojos para ver las lágrimas despiertas. Los náufragos tienen sed y han robado la muerte. Buscan el sol y el aroma de los naranjos. Insomnes recorren tu piel.
Los pasos se pierden tras la escalera. Encendida la retina se expande. Mitos en cada estrella inturrempen el flujo normal de la sangre. Que es normal?. Donde buscamos los testigos que necesitamos para el grave paso por el mundo?. Hoy no es posible ver dentro de la brisa. Si te movieras en velocidad constante te darías cuenta que el paisaje es igual en todas partes. Verías como el tiempo muta y se pierde en las palabras vacías. Una a una las lágrimas se alejan llenado el silencio. Gris es la lápida que señala un sitio que no reconozco pero me aguarda. Oxidada y torcida es la reja que encierra mis años. Se abre con dificultad y las espinas cubren la muralla de enredaderas. Hay humedad y silencio. Sobre todo silencio. Sólo las polillas acuden al entierro. No hay arena en la ciudad de los muertos. No hay sal o pan solo el vino eterno encerrado en el fuego. El océano golpea malecones con espuma y sombras que se deshacen en la fiebre. Se escurre entre las manos perdidas de los años


Péndulo propio

No había nada en el recuerdo
y ella lame sus heridas
al borde del abismo

Se veía bien la última vez,
diluída en las voces
sin esperar esas malditas auroras
impuntuales

Por fin, cruzó el umbral
miró a cada rincón
buscando rostros esparcidos
en las murallas

Se dijo: mañana vendrán por mí
mañana; ofreceré mis ojos
a quién sepa mi nombre

Ese antiguo nombre
que sólo se pronuncia de noche
Mi nombre, que del candelabro cuelga
en el centro de la pieza


Al final


Y el estremecimiento que saltó desde su tiempo
aquejado por la ira y la fiebre
por el silencio corrupto de dos lenguas
como una noche que se hunde al fondo de los ojos
ahogándose en su firmamento,
recorrió todos los pasos
buscando el vino derramado y la sangre envuelta en su número mecánico

Vértigo helado que susurra y jadea entre los dientes
las últimas profecías
y se van haciendo confusas porque las piedras no tienen memoria
sólo improvisan desde sus inviernos
el último gesto que romperá sus rostros
cantando su letanía ante el océano

Frente a la sombra las manos danzaron
palpando los tibios extremos
dibujando el destino en la arena
quién alzó la última estrella?
quién se llevó mi nombre atrapado en el viento?

Thursday, December 16, 2010

Opiniones



-¿Le gusta la poesía de hoy?
“Muy poco. De la mayoría de la poesía que se escribe hoy no va a quedar nada, excepto la de los grandes ... Los libros femeninos parecen tratados de ginecología por sus contenidos. Es una locura. No hallan qué meter, predominan el mal gusto y la falta de rigor”.











Un mundo tuyo y mío


Un mundo tuyo y mío sólo existe
en el tiempo remoto.
La vez que yo y tú fuimos Adán y Eva.

Lejos del Paraíso
aún tu voz me cautiva.

Hoy junto al árbol del bien y del mal
las manzanas mordidas
se pudren en la tierra.
Nunca será lo mismo la condena.

Hugo Zambelli

Sunday, August 15, 2010

Sueño

Soñé con un gran cometa que se acercaba a la tierra. ibámos en un bus dirección coquimbo desde el balneario de la Herradura. El paisje era antiguo y la noche clara. El cielo opacado por el brillo del asteroide. Entonces no existían casas en el camino. Vi pasar por encima a aquel cuerpo celeste y divisé cada una de sus grietas y espacios, De cada una de ellas, luz emanaba y se perdía lejos. Inevitablemente el asteroide impactó cerca de la trayectoria del bus. La explosión pudo ser apreciada desde una gran distancia. Una especie de hongo con mucho calor. Nos arrojó lejos, pero había descendido del bus a tiempo. Al caer, por suerte no fui agredido por ningún metal. caí y el resto del camino fue nadar por un mar que se había salido. Costaba avanzar pero de algún modo yo lo hacía con facilidad. Tiempo después, nos congregaríamos en un playa de mares azules y misteriosos. Tras los riscos nadie había ido aun, sin embargo, cuando nos preparábamos para entrar al agua una familia surgió desde el bloque final de rocas inexploradas. Pregunté por el idioma en el cual hablaban pero no era ninguno que yo dominara.
Los peces eran grandes, las olas refrescaban había que tener respeto pero no miedo

Para escribir algo hay que tener el cuerpo rasgado y ser persistente en la sordera, o más bien en la ausencia del tacto. Muchos han gastado esfuerzos en definir y medir el tiempo, asombrando y obteniendo el resultado final de la admiración. Un conocido una vez me dijo que lo más importante en un poema era el título. Tenía que ser sugerente y definir el curso del poema ya que era lo primero que le salía al encuentro del lector. Debía recibirlo con los brazos abiertos. Obviamente el escribía para otros. Yo nunca dí con títulos exigentes. Deden ser las arañas que trepan por mi cabeza. La verdad es que yo mas bien lo hacía con la esperanza que mis poemas se fueran volando, maduraran la voz y desfiguran así, su arquitectura. Construyéndose así mismos. Con la esperanza de que regresaran a mi como ecos perdidos y voz nueva. Irreconocibles para mi oído y de algún modo me lavaran los ojos y me tendieran una mano.

Saturday, July 24, 2010

Todo es parte de lo mismo. En las playas había mucha gente. todos miraban hacia el horizonte donde muchas olas de un tamaño descomunal se formaban. Cuando estas se acercaron a las costas logramos aferrarnos a la roca. Sujetaba a mi amada fuertemente. El agua estaba helada y azotaba la costa. Entre la espuma logré ver gente que se iba hundiendo, otros girtaban. Después vino el recuento, muchos desaparecidos. Encontré a mi madre y algunos parientes. Uno de mis hermanos había desaparecido. Mi madre tenía la esperanza de que hubiese migrado antes de los sucesos hacia el sur. Yo no estaba seguro, pues la vida había cambiado y ya no habían pérdidas, sólo espera. Larga espera en nuestras manos.